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LA MANERA QUE TIENEN DE SOÑAR LOS CARACOLES

 

LA MANERA QUE TIENEN DE SOÑAR LOS CARACOLES
 
La verdad
es complicada
de llevar
siempre
a cuestas.
 
Un tú hecho,
un caminar
del todo.
 
La verdad
es valiente,
y se bebe mejor
con empaque.
 
La verdad
es
cimientos de arena
y polvo,
trabajados al aire
y al agua
para sacarles la firmeza.
 
La verdad
no es
sin tiempo.
 
Envidio el caminar,
el deslizar,
el tranquilo transitar
de los caracoles.
 
Cada paso un paso,
una parte del camino
cumplida.
Un viajar solo.
Un asumir el mundo
y abordarlo.
 
Los caracoles son,
en realidad,
de envite fácil.
Les puede la luna,
el rocío
y las tardes de verano.
 
Envidio el pasmar
de los caracoles,
como envidio
el asombro de los niños,
y esa tierna manera
que tienen (ambos)
de dejarse en el camino.
 
Envidio el cargar
consigo mismo,
el peso
de lo que va siendo.
 
Ese arrastrarse
sobre la hoja fría
y las gotas que quedan
como caramelos de lluvia.
 
La brisa
sobre la viscosidad
del cuerpo.
 
Una manera
de contemplar el mundo
desde lo más alto
en lo más pequeño.
 
Envidio
la manera que tienen
de soñar los caracoles,
y de contar
con salir a pasear,
imaginar correr,
y agitar a las masas
con una sola palabra.
 
Cuántos borrachos
de velocidad!
 
Deseo
la manera que tienen
de soñar los caracoles,
y la tremenda ilusión
que tienen todos
con volar.
 
Por qué querer
ser más del aire
que de la tierra?
 
Tanto da del aire
que de la tierra
por poder ser
uno
contra el mundo.
 
En la inocencia del despertar
le cantan los caracoles
al coraje de ser
uno
ante la inmensidad.
 
La verdad
viene de frente.
 
“SOÑAR”, 2014, Huerga & Fierro Editores / “Entre Cosas Salvajes”, 2015, Perro Azul (Costa Rica)

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COSAS QUE PASAN

COSAS QUE PASAN

La vida
le arrebata las zapatillas
al capitán de la baraja.

Se caen al suelo
las verdades carracas
de los sindeseos.

Se lamenta
el padre de un clamor
sin sayo ni alcazaba.

Sobre la coraza de un San Martín
se desgasta una mejilla.

El rumbo
regala botellas vacías
al borde de un señor
Silencio,
serio
y con sombrero.

La vida
juega a cortarle las orejas
a los niños tontos.

La luz
ordena sin veleros.

Somos por hijos,
no por hombres.

Las tintas
se retuercen en su negro pastoso,
y hierbajos
crecen entre las tejas.

Una tela se mancha
de un amarillo desconfiado
que juega a vender telones
a ratas e inmorales.

Ya nada está claro
se escucha entre los callejones llanos.

Y de repente,
brilla la cerradura.

“SOÑAR”, 2014, Huerga & Fierro Editores / “Entre Cosas Salvajes”, 2015, Perro Azul (Costa Rica)

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París, viernes negro.

UNA MONEDA

            Dicen que cuando alguien muere por un Dios, muere su Dios con él.
Desollar un suspiro a la infamia,

rescatar una tragedia de su falsa orfandad,

dejar que el rojo seque el pincel

y lamerlo como un verbo al relatarlo.

 

Flanquear la vida por la sed

es vivir en el temblor del mundo,

resbalar en la cara mojada del demonio,

en la boca espumosa del horror

y su cartelito del cuello jurando una moneda.

 

Cabe en cualquier vaso o cualquier voz

el blanco roto de su hálito,

pendiente de su puro puto veneno maloliente,
llevará siempre un nombre,
siempre mayor maldad en su primera letra,

deuda siempre de sangre,

salvación en el ametrallamiento,
eco perdido de humanidad.

 

Vive el horror del horror,

pide una moneda imposible.

 

Algo juega con la cortina,

algo mata aquí y salpica los zapatos,

algo rebufa al oído su H maltrecha y retorcida,

 

pide su moneda en el centro de su ser,

de pie en el escándalo de la matanza.

 

Pero no hay moneda para eso, no existe,

por eso mismo la inventó.

 

            Para París, un sábado negro 14 de noviembre de 2015.

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PANTALÁN

Dónde atraca un hombre?

El vacío es el adentro,

el viaje vertical al descontexto,

el afuera invertido,

el silencio propio,

debajo de todas las cosas, entre

todas las cosas;

escuchar su aliento,

descubrir su hondura,

su fiel estadio eterno de la verdad,

llegar a su estar sentado,

a su abismo interno,

su acontecer;

pero

tiene la vida la memoria ciega.

 

 

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